Nace
en Torredonjimeno en 1.944. Emigra con sus padres
a Madrid con apenas doce años. Con algunos
antecedentes artísticos en la familia
(su tío es José López Arjona)
ya desde muy joven tiene tendencias artísticas,
empezando a estudiar en el Casón del
Buen Retiro donde se inicia en el dibujo y técnicas
como el carboncillo, después en el Círculo
de Bellas Artes y en 1.964, en la Escuela Superior
de Bellas Artes de San Fernando. La abandonó
un año después, aunque posteriormente
regresó en los 70 para acabar la sus
estudios, completando su formación técnica.
Estos primeros años completaron una etapa
inicial de carácter experimental, tanto
desde el punto de vista técnico como
en la exploración de lo que iban a ser
sus rasgos definitorios de su hacer pictórico,
incorporándose a una generación
de artistas de amplia gama, tales como Guillermo
Pérez Villalta (1949), Miguel Ángel
Campano(1948) o Ferrán García
Sevilla (1949), guiados por la estela del gran
artista Luis Gordillo (1934).
Su ingente labor artística puede dividirse
según los expertos en varias etapas que
coinciden generalmente con las décadas
de los 70, 80 y 90, arrancando como hemos visto
en la de los 60, que además de su formación
académica hay que destacar su asistencia
al taller del pintor Luis Herrera. En esta etapa
inicial su pintura es sencilla destacando paisajes
rurales y urbanos con tendencias postimpresionistas.
La etapa de los 70, bajo el influjo de varios
viajes al extranjero (Paris, esencialmente y
Marruecos) y la relación con el mundo
poético de Gregorio Parra, Celso E. Ferreiro
e incluso Luis Cernuda, se puede decir que es
el inicio de su aporte artístico, con
pinturas de calado matiz místico, social
y posteriormente, con un elevado sentido fantástico,
preocupado en todo momento por ofrecer al mundo
una obra de vanguardia. El gran hallazgo del
artista en la incorporación del boceto
en el proceso de creación pictórica
y el comienzo de sus “temas fantásticos”
definen por sí solos la síntesis
de esta primera década. Ejemplos de dicha
obra son la serie de pinturas de “Textura
plana” o la de “Los trompeteros”.
Los 80 fue un tiempo de profundización
en esa temática de pintura fantástica,
pero humanizándola. La figura humana
se convierte en el centro de sus obsesiones,
aunque con una representación no realista
sino figurativa, producto de lo más profundo
de la mente y la imaginación, cercano
incluso al surrealismo, aunque otras veces se
acerca más a la realidad. Además
evoca en los títulos de sus obras una
idea poética de lo representado que aumenta
la consistencia del producto pictórico,
algunas veces con ironía otras con profundo
sentimiento. Ejemplos de obras de esta etapa
son: “El generoso Dios de la bono-loto”,
“Todo por unas fotos”, “Gran
desnudo”, “En el fondo, soy amada”.
También explora el mundo cercano a la
abstracción con grandes manchas de pinturas
que evocan sensaciones de color y ánimo
(Serie Tonal, Serie 87, Composición,
etc.), y que se extienden a las siguientes etapas.
La década de los 90 y estos primeros
años del siglo XXI nos ofrecen una obra
más estilizada, a veces buceando como
siempre en la abstracción, pero ganando
en los colores, que son si caben más
intensos.
Nuestro paisano ha sido ganador de muchos premios,
sus obras han sido expuestas en numerosísimas
ocasiones, destacando la de 1.995 en el Palacio
de Velásquez en Madrid organizada por
el Ministerio de Cultura bajo el título
“El diálogo perenne”, y su
obra se encuentra en multitud de instituciones
y particulares, tanto en España como
en el extranjero.
Cristóbal Jiménez