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-Actualizada: / 29 / 12 /2007
Artistas de Jaén
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ANTONIO BLANCA

Nace en 1960, pasa su infancia y juventud en Torredelcampo. Fue alumno de Manuel Kayser en la Escuela de Arte de José Nogué, estudios que completaría en la Facultad de Bellas Artes de Granada. Comparte la dedicación a la Pintura con la Escultura y el Diseño.

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Manos blancas


 


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OBRA1

Óleo/ Papel Algodón. 1993. 163 x 122 cms.
OBRA2

Lápiz de color sobre papel. 1988. 95x62 cms.
OBRA3

Óleo/ Papel Algodón. 1998. 123x70 cms.
OBRA4

Óleo/ Papel Algodón. 1998. 42x32 cms.
OBRA5

Óleo/ Papel Algodón. 1998. 60x49 cms.
OBRA6

Óleo/Papel Algodón. 1999. 80x59 cms.

Fuente: yaiyan.com

Currículum

Nace en 1960, pasa su infancia y juventud en Torredelcampo. Fue alumno de Manuel Kayser en la Escuela de Arte de José Nogué, estudios que completaría en la Facultad de Bellas Artes de Granada.

Ha expuesto individualmente y ha participado en numerosas colectivas.

Comparte la dedicación a la Pintura con la Escultura y el Diseño.

Su obra está representada en la pinacoteca de la Diputación Provincial de Jaén, Ayuntamiento de Jaén, Club 63, Jaén. Universidad Internacional de Andalucía. Ministerio de Cultura, Madrid. Fundación Jacinto e Inocencio Guerrero, Madrid. Universidad de Jaén, (Escultura Homenaje a los Pueblos).

Exposiciones Individuales:

2000

Pinturas. Galería Alfama. Madrid

1982

Pinturas. Sala de Arte Jabalcuz, Jaén.

Exposiciones Colectivas:

1987

Artistas Becados por el Instituto de Cultura: A. Blanca, Carmelo Palomino, Blas Medina, Andrés Orihuela. Salas de Exposiciones de la Diputación Provincial de Jaén.

1983
Exposición Itinerante "La Cultura en la Calle. Diputación Provincial de Jaén.

1982

Sala de Arte de la Caja de Ahorros de Granada, Jaén.
Sala de Exposiciones CICA de Jaén.

Sala de Exposiciones del Museo Provincial.

1981

Sala de Exposiciones CICA, de Jaén.
Sala de Arte de la Caja de Ahorros de Granada, Jaén.

1980

Sala de Arte de la Caja de Ahorros de Granada, Jaén.
Palacio Teniente Olavide, La Carolina (Jaén).

Premios:

Desde el año 1981 compagina, Pintura, Escultura y Diseño, realizando innumerables productos gráficos (libros, cartelería, escenografía, etc). Ha expuesto individual y colectivamente, Jaén, Madrid, Sevilla, Washington (EE.UU).

1980

Accésit: II Certamen "Ciudad de Lucena", Córdoba.

1980

Primer Premio: Delegación de Cultura, Jaén.

1981

Primer Premio: II Certamen Nacional de Artes Plásticas, Ministerio de Cultura, Madrid.

1982

Accésit: VII Certamen Nacional, Almería. Organizado por la Caja de Ahorros de Almería.

1983

Segundo Premio: Pintura rápida, Ayuntamiento de Jaén.

1985

Segundo Premio: Delegación de Cultura, Jaén.

1990

Segundo Premio: IV Premio Internacional de Pintura “Emilio Ollero”, Jaén.

1991

Primer Premio: X Premio Jaén de Pintura “Club 63”, Jaén.

1993

Accésit: VII Premio Internacional de Pintura "Emilio Ollero", Jaén.

2002

Es reconocido con el Premio "Jaén Paraíso Interior", Diputación Provincial de Jaén.

Críticas:

“...Antonio Blanca nos acerca, con su pintura, la proximidad de un mundo que aún no se ha dejado transformar en consumo. Contrapunto del trepidar que nos invade a los hombres del siglo XX, los cuadros pintados por este artista hacen que nos aproximemos a un clima monacal donde las cosas reflejan el silencio que conforman su estado plástico, levemente dorado por el que se filtran las transparencias del ambiente gozoso que las anima.

Más que una pintura literaria, la pintura de Antonio Blanca es una pintura para hacer literatura, porque ella, desde su sencillez –apenas unos lápices de colores y un papel- nos transporta a un mundo de placidez donde las cosas habitan o son habitadas por la vida aéreamente espontánea y frágil entremezclándose con los objetos; nada sobra y debo advertir que no sé si falta algo en estos cuadros del pintor que siempre me han emocionado....”.

El Arte en Jaén. Cuatro artistas de una generación que afirman la realidad de su pintura.

Artículo de Miguel Viribay con motivo de la muestra en la Caja Postal de Ahorros.

Diario Ideal, 3 de enero de 1989

“Desde el primer instante en que el observador contempla la obra de Antonio Blanca Torres, se ve convocado a celebrar la serenidad, el silencio sahumado de alegría. Y es que posiblemente uno de los rasgos que mejor pudieran definir la obra de este autor, sería esta capacidad que atesora para estructurar y administrar la sensibilidad. Una sensibilidad presidida por la lentitud y que surge de la condición innata de saberse codear con los estímulos, y transmitirlos, sin espasmódicas convulsiones; acaso, con una fuerte excitación contenida que, de forma sosegada, todo lo invade, fluye y se derrama con la armonía y el compás que se cierra en torno a la desencadenada tormenta de sensaciones, que empapa y adquiere todo su sentido en el latido de un calmo respirar con el que no querer encontrar un nombre para lo que se piensa.

Así, Antonio Blanca, modela sus pinturas, trabaja la compostura de la totalidad con sugerente anhelo; resbalando las formas en la habitación de los fondos, regalando a la mirada alguna vitrina, algún que otro bodegón, incluso algún paisaje, pero sobre todo, regalando flores. Flores recogidas en ramos recién apoyados o esentas y solas como una anónima presencia entre veladuras y texturas en las que cabe la razón en un solo pétalo, en una insinuación localizada iluminando todo su rededor desde el tacto de un color.

De ahí que el color en su pintura garantice la consecución de sensaciones. Porque en esa alambicada formulación con la que hace que éste se pose sobre la superficie, el autor degrada e incide en las tonalidades y temperaturas como si de ello fuera una liturgia de ecos íntimos.

De este modo, en su obra todo funciona como un aliento, como si estos cuadros emanaran de su propio fondo empañando la superficie no queriendo mostrarse en su definición total; sugiriéndose desde las entrañas de cierto dulzor prendido en la melancolía sin bataholas ni subterfugios en los que enmascararse”.

Antonio Blanca Torres, de ritmos y sensaciones.

Por Juan Antonio Tinte.

Periódico “El Punto de las Artes”. Año XV. Nº 553. Madrid, enero 2000.

“Por suerte o por desgracia, nos ha correspondido vivir en un siglo donde la aceleración y lo perecedero se han convertido en vitoreadas proclamas. Quizás por eso sorprenderá más aún la obra pictórica de Antonio Blanca. La serenidad, la quietud y la reflexión se conjugan entre sí, aportando un momento de calma al caos reinante. Pero no debemos caer en la tentación de sugerir un paréntesis en el tiempo.

Sus presentaciones públicas son escasas pero cada vez que sale a la luz podemos estar seguros de la madurez de su empresa. Podríamos limitar la visión de estos cuadros y pensar que el hilo conductor estaría en torno al tema mayoritario: las flores; o bien podríamos intentar “ver” y descubrir el papel anecdótico que las naturalezas muertas juegan en sus composiciones. A través de una estudiada armonía cromática y de unos insinuados contornos que consiguen la confusión de la figura integrándola en la atmósfera reinante, Antonio carga de lirismo las cosas más cotidianas envolviendo así sus temas. Su sensibilidad no pasa desapercibida y prefiere intuir las formas, dejar que el ojo del espectador una los puntos de manera casi instintiva, antes que convertir los límites de sus pétalos en el blanco de la mirada y de la conciencia. La fusión que se produce entre la forma de vivir y la forma de pintar en Antonio Blanca introduce un elemento organizativo y clarificador en sus obras: la luz; mística que sumerge al observador en la obra, dirigiendo como si de un foco puntual se tratarse, los ojos del que la contempla y volcando así la atención en el centro de la espiral. Esto se ve reforzado por la agrupación de materia en motivos concretos que producen una intensificación del objetivo.

Distintas sugerencias se muestran ante nosotros. Por un lado nos encontramos con las ya mencionadas flores, pero por otro descubrimos varias obras que si bien son escasas en cantidad no merman en importancia. La interpretación que realiza sobre el paisaje urbano de Jaén, sus tejados, y la presencia imponente de la Catedral como flanco de las atenciones; junto con algunas visiones de interiores nos llevan desde un ensoñamiento casi ingenio hacia una sorprendente inquietud.

Quien conozca la trayectoria pictórica de este trovador del arte puede encontrar en ciertos tratamientos del color un ápice de extrañeza. El pausado ritmo de sus tonalidades en algunas de sus composiciones deja paso a una tamizada agresividad a través de la calidez de sus matices.

En la muestra que nos regala el autor encontramos dos caminos: la placentera exaltación de su espíritu y el conflictivo devenir del momento. Con una técnica plástica muy depurada donde la pintura se conforma como tal, nunca al servicio de la narración; podemos sentir la transcendencia de una vida dedicada al trabajo, la vocación de un poeta y la sensibilidad de un hombre”.

Angela Kaiser Mata.

“La pintura de Antonio Blanca es misteriosa y sugerente, a medida que se la mira va invitando a entrar en ella. Se siente como un vértigo, una intriga por entender y descubrir algo que se vislumbra trascendente.

Un cuadro de los suyos puedes dejar de mirarlo pero nunca lo das por visto, vuelves a verlo, vuelves a mirar y quizá en la segunda o tercera ocasión ya “ves” algo y posiblemente distinto de la primera vez.

Es una obra que tiene alma y aún sin ser conceptual atrapa al pensamiento y al concepto de quien la observa y aunque el pintor se detiene aparentemente en un sencillo problema de belleza y de plástica, por la manera de usar la materia, Antonio Blanca, le pone un misterio y una emoción que invita a la comunicación como ocurre inexorablemente con el buen arte.

Le importan las cosas sencillas, pequeñas, realza las cosas habituales de nuestro entorno, no deteniéndose en lo que son sino en lo que significan.

Catálogo de la Galería de Arte ALFAMA. Madrid. Enero 2000.

Por Amparo Martí. Miembro de las Asociaciones Española e Internacional de Críticos de Arte.


 


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